Aullamos, aullamos, aullamos, auuuuuuuuuuuu



domingo, 5 de junio de 2011

Píntame, Pierre Auguste

Se planteó tropecientas veces quitar aquel póster, pero nunca lo conseguía. Se rendía, se tiraba de cualquier manera encima de las sábanas azules -si no eran azules no las aceptaba como un buen sitio donde construir sueños nocturnos- y contemplaba las lucecitas propias de su careta de vedette. Cuando se cansaba de las bellas formas que hacía la luz naranjosa en la pared, mandaba su mirada al trocito de aire desaparecido por la llama de una vela -también azul- de olor a mora. Mientras fumaba, escribía con mala letra verdades que luego le parecían mentiras. Entonces, decidía arrugar la última hoja de la libreta -con frambuesas en sus tapas- y tirarla sin furia alguna sobre un suelo frío como su alma arropada por trapos que permitían su libertad corporal. Era la típica imagen de un poeta sumergido en la desdicha. Incluso aquel recogido en el pelo le daba aires masculinos y a la vez un toque femenino que formaba parte de la armonía del cuadro. No se consideraba bella por sus carnes ni por sus ojos en pena, pero intentaba nutrirse de la inquietud de su alma para sentir la belleza a flor de piel. Un papel menos en la libreta, un espacio menos en el suelo de la cueva. No lograría nada esa tarde de domingo, ninguna palabra conseguiría bailar un vals con su compañera de fila. La llama seguía manteniendo líquida su sumisa cera. La ventana empezaba a sembrar las dudas de su relación con los relojes. Pero esta vez, ella tenía la razón, la ventana había ganado la partida y lo oscuro se suele volver rojo.

2 comentarios:

Natnat dijo...

muy benito. fuera del mundo, pero dentro del tuyo

Lara dijo...

Azul, mora, humo, frambuesas, tinta, fuego, escribir mucho pero nada que te de placer o satisfacción, todo a flor de piel.

Por cierto, me encanta la escena que has creado.


voy a poner la palabra que me piden pa comentar:

panspack