Aullamos, aullamos, aullamos, auuuuuuuuuuuu



domingo, 20 de junio de 2010

El viaje

Estaba sentada en mi cama, con el portátil en las piernas como de costumbre, pero de repente ocurrió algo extraño. La cama salió disparada y el portátil salió volando con unas pequeñas alitas blancas en los lados. Yo me agarré fuerte a mis sábanas de motivos chinos y surfeé por el aire a gran velocidad. Limpié los trozos de pared que habían quedado encima del colchón con las manos. Ya tenía controlado el ritmo y no me hacía falta sujetarme a las sábanas. Me tumbé con la cabeza para el lado contrario de la almohada. Dejé caer los pies sobre ésta. Con los ojos cerrados canté casi susurrando Tú me llevas de Zahara. Cuando acabé volví a abrir los ojos y me asomé por un lado de la cama para ver como el mundo se hacía pequeñito.

Vi a un niño que señalaba mi cama con el dedo y le decía a su mamá con cara de emoción que había una cama volando. Pero su madre no le hacía caso y continuaba hablando con un señor muy atractivo. Pasé por encima de un lago donde había una chica sin ropa peinando su melena a la orilla. Luego me di cuenta que había un chico haciendo el muerto justo en el centro del charco de agua. Me adentré por una ciudad llena de gris y sin nada verde. La contaminación sonora llegó hasta mi, cláxons de coches, chillidos de niños, derrapes, sirenas ruidosas, gente, perros, ningún pájaro. Respiré profundamente el aire tóxico de esa ciudad y sonreí desde allí arriba a aquel gato que miraba desde un árbol. Yo creo que los gatos siguen mirando fijamente incluso a quilómetros. Incluso cuando tu vista no llega a verlos, ellos te ven a ti y te miran detenidamente. Me alejé de la ciudad a un lugar lleno de árboles. De pronto escuché una música muy acelerada. Entre las hojas se veían chaquetas multicolor, crestas y rastas, torsos pintados, sombreros, bebidas fluorescentes, lucecitas y una hoguera hecha con trapos de colores. Un chico rubio y otro pelirrojo se besaban entre la multitud de personas que bailaban locamente bajo los efectos del LSD. La música desapareció. Mi cama avanzaba y se podía ver a lo lejos unas casas junto a un río. En una barquita habían un niño y una niña. La niña tiró al niño al agua y luego saltó en su rescate. Sus risas se oían con gran potencia. Cuando llegué a sobrevolar el pueblo un poco alejado del río, puede ver un chico sentado en un columpio llorando. Una chica con un vestido de florecitas azules le miraba desde un banco. Cerca de la plaza había dos amigas que se dieron la mano en ese mismo instante esperando un autobús. Por un camino que comunicaba el pueblo con otro más grande había un grupito de adolescentes con bici, había tres aventajados que hacían una carrera desde una bajada muy empinada. Cerca de allí estaba el mar, junto a unas rocas tres chicos se divertían saltando y volviendo a subir para hacer un salto con acrobacias incluidas. No muy lejos de las rocas había tres chicas tomando el sol pendientes de los saltarines y de su bronceado. Un poco alejado de la costa había un barquito donde un joven moreno despeinado escribía en una pequeña libreta, justo al lado tenía una guitarra. No parecía tener prisa. Disfruté la brisa marina durante unos minutos y me encontré con un par de gaviotas que volaban alto. Se hizo de noche y el viaje de vuelta estuvo lleno de pequeñas lucecitas agrupadas en unos puntos concretos.

Cuando llegué a mi habitación, dormí plácidamente. Al día siguiente cuando te lo conté, me llamaste tarada y soltaste una carcajada, yo me reí contigo y abrazados vimos como la chica de enfrente se comía un helado de dos bolas, una rosa y la otra blanca, de fresa y nata desde tu sofá, doble.

martes, 15 de junio de 2010

Es como un gran AHHH AHH AHHH!



No voy a hablarte de él, sino de ello. Podría contarte mi estado de felicidad suprema, lo extasiada que estaba, los sentimientos más realistas y a la vez hipersubrealistas que pasaron por mi mente en ese momento... pero no lo haré, porque no me entenderás, pero podrás recordar algo parecido que te sucederá o imaginar algo parecido que te sucedió. Solo requiere que vivas la vida con intensidad y creas en ella dramáticamente. La molonidad del extremismo psicotrópico.

sábado, 12 de junio de 2010

El mismo tema de siempre con una pincelada de realismo un tanto preciosista


Odia que se le tape la nariz cuando está en la cama y que se le active un nervio del pie. No lucha contra la indiferencia de la sociedad, solo se lamenta. Entre armónicas dylanianas decide cambiar a una sintonía (a poder ser, véase a partir del minuto 10:15) que le ambienta en un territorio que siempre ha soñado. Trata de interpretar el forever young de una manera menos dramática. Empezó a escuchar esa música, leer esos libros y ver esas películas a una edad demasiado temprana. Todo lo que allí aparecía pretendía llevarlo a la realidad. Por eso la desilusión de no conseguirlo le causaba grandes disgustos pero sus alegrías tenían un color más intenso que el de cualquier individuo-con-los-pies-en-la-T/tierra.
Llovía con fuerza, imaginó que alguien suspiraba por su oscura melena al tocarla con la yema de sus dedos. Entonces él se marchaba a un rincón y la dejaba escuchando el sonido de las gotas primaverales entre una finita sábana. Se tiraba al suelo junto a la ventana donde el sonido era más intenso y ahí escribía en su libreta inacabable una canción que bautizaría con su nombre. Siempre había soñado con que él titulara una canción con su nombre. De repente él desapareció:"Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o realidad".

No podía creer en el amor todavía, un día te levantas y lo sabes, sabes qué es. Pero tiene muy claro lo que le gusta AHORA. Recordó aquello de "Colorea mi vida con el caos de los problemas". No podía estar segura de que mañana amaría los perros en vez de a los gatos... pero eso no le quitaba intensidad a su amor por los gatos en aquel momento. toc-toc. Era la felicidad, aquella que sucede un día, una hora, un minuto y un segundo entre tantos.y la que nadie le aseguraba en un futuro pero eso era lo que ella esperaba.no hay momentos felices sin saber como son los momentos tristes. ¿Evitaba los problemas de la profundidad de los sentimientos? no, simplemente no los conocía, por eso no estaba prevenida ni le interesaba prevenirlos.
Dejó de inundarse el mundo. Ahora todo fluía con tranquilidad. Cuatro alteraciones en los charcos nos aletratban de que no todo había acabado. VOLVERÁN.

miércoles, 2 de junio de 2010

Decidió que se tiraría a todo lo que le parecía interesante

Era uno de esos días en que tienes que limpiarte los pies antes de ir a dormir por toda la mierda que tienes acumulada del suelo de casa que creías que estaba limpio. Era bonita en las mentes inconscientes. Hacia un calor brutal. La simpática lagartija verde le dijo que fuera por la linea discontinua amarilla fluorescente. Se llenó los pies de barro pero aún se diferenciaba el rojo de sus uñas. Quería comer los gusanos que come Balú. Era impaciente como decía el señor del libro que eran las mejores personas y que algún día los impacientes dominarían el mundo. Tras las ramas verdes vio una luciérnaga y cuatro pavos reales con sus plumas desplegadas. Ya no andaba corría y se pintó con ceras la cara de manera que parecía un bicho brillante más de aquel lugar encantado. Se sentó en el sofá de terciopelo donde vio los sueños pasar en forma de avioncitos de papel. Las escamas se le estaban volviendo verdes y azules dependiendo de la contraluz. Se cayó en el charco y sus rodillas se llenaron de rascadas incluso sangrientas. Necesitaba un somier de mejor calidad y no dudó en llamar a su amiga para que le comprara uno. No podían entender aquel lugar donde vivía, tantos bichos, charcos, hojas fluorescentes y lucecitas por los aires. Como no le gustaban las gafas de sol ni el peinado de sus vecinos del planeta Tierra, decidía viajas al planeta del Principito de vez en cuando. No le gustaba ni uno, si no era el peinado, eran las sandalias, pero algo fallaba en las piezas robóticas que formaban al ser humano. Fingir, de eso se trata, de qué sino? Ella fingía ser un mariposo que sobrevolaba valles y montañas llenas de elefantes carnívoros. Tenía los cuchillos preparados. Rompió los carteles de paz y amor. Pintó besitos con pintalabios por todas partes: paredes, suelos, muebles y carteles.
Los portapapeles habían quedado destrozados por la tormenta y todos los trapos había salido volando. El reloj marcaba las 2.